Es imposible olvidar el comentario deportivo del noticiero del domingo. Crecí, como muchos, escuchando y viendo a Don Julio Martínez, lo que más me gustaba, era ese conjunto de enseñanzas y experiencias de vida, que transmitía, con el don de la palabra. Ahora quedará un vacío, sobre todo, de aquellos tiempos en que el niño, el adolescente y el adulto se sentaba, domingo a domingo, frente a la cajita endemoniada a escuchar no solo de deportes.
Tal vez, el gusto por la bohemia y la tertulia, creció en mí, desde el tiempo, en que era un cabro chico y como si fuera un ritual, me ponía a ver almorzando en el trece, debo confesar que a esa edad no entendía mucho, pero me fascinaba ver a esas personas conversando mientras comían, sobre todo cuando hablaba ese caballero medio pelaito. La magia era la misma que sentía cuando veía la isla de la fantasía, la casita en la pradera, el jappening con ja, los duke de hazard, el festival de la una, las películas de Jerry Lewis y Dean Martin, los goles y el comentario de don Julio Martínez, todos clásicos de los anales de la TV nacional.
Es por todo eso, que me sumo a la enorme cantidad de despedidas y homenajes, que bien merecido tiene, un bohemio de palabra fácil, premio nacional de periodismo y que con su humanidad sembró la semilla del respeto por la vida y la conversación. Y como decia LJ, de deportes seguimos hablando la proxima semana



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